Tareas semana (38) 07 al 11 de mayo

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Autobiografia de Benito Juarez
Mi nombre es Benito Pablo Juárez García, de nacionalidad Mexicano. Soy un indígena zapoteco nacido en San Pablo Guelatao, Oaxaca, el 21 de marzo de 1806. Por mi propia iniciativa y empeño pude iniciar mi preparación académica y culminarla con éxito.
Estudie derecho en el “Instituto de Ciencias y Artes de la ciudad de Oaxaca”, en donde me fue otorgado el título profesional como Abogado. Adicionalmente fui gobernador de Oaxaca, secretario de gobernación, de justicia y presidente de la suprema corte de justicia de la nación. Ostentaba ese cargo cuando en 1858 asumí la presidencia de México en sustitución de Ignacio Comonfort.
Hacia el año de 1859, en pleno conflicto con las fuerzas conservadoras, pero con el apoyo de destacados liberales en su gobierno, promulgué “Las Leyes De Reforma”, que estipulaban la separación de la iglesia y el estado, y la nacionalización de bienes eclesiásticos. Una vez superada la guerra civil, toco a mi gobierno hacer frente a la “Intervención Francesa” y el imperio de Maximiliano de Habsburgo, entre 1862 y 1867. Mi entereza se volvió el símbolo de una resistencia nacional que al final triunfo sobre los invasores extranjeros.

Bajo un nuevo mandato para el cual fui electo en 1867, el estado mexicano comenzó a reconfigurarse y a echar nuevas raíces. Promulgué en ese mismo año una ley de instrucción Pública donde reiteraba el carácter laico, gratuito y obligatorio de la educación pública.

Autobiografía de Gabriel García Márquez
Mi nombre es Gabriel José de la Concordia García Márquez, aun cuando el mundo de la literatura me recuerda más comúnmente como Gabriel García Márquez, y aquellos que me quieren como el Gabo, apodo que se popularizó en conjunto con la fama de mis novelas y el Nobel de Literatura que recibió mi célebre novela Cien Años de Soledad, aun cuando a mí siempre me pareció mucho mejor mi novela El Amor en los tiempos del Cólera, donde cuento cómo se conocieron mis padres.
Primeros años
Nací en el pueblo costero Aracataca, en el departamento del Magdalena, en Colombia, el 6 de marzo de 1927, convirtiéndome así en el hijo de Gabriel Eligio García, telegrafista llegado a Aracataca, y Luisa Márquez, hija del coronel liberal Nicolás Ricardo Márquez Mejía, militar liberal en quien años después me inspiré para escribir el personaje del general Aureliano Buendía.
Cuando vivía mis primeros años, mi padre decidió cambiar de profesión, convirtiéndose en farmaceuta, razón por la cual se mudó en enero de 1929 a la ciudad de Barranquilla con mi madre. Por mi parte, yo permanecí bajo el cuidado de mi abuelo Nicolás y mi abuela Tranquilina Iguarán Cortés, a quien yo llamaba “mina” y que llenó mi imaginación con historias de supersticiones, fantasmas e historias fantásticas, convirtiéndose en mi primera influencia literaria, y en semilla de lo que me haría nacer al Realismo Mágico, pues combinaba la realidad con la fantasía de una forma tan natural y fehaciente que no cabía duda de lo que estaba contando.
No obstante, cuando cumplí ocho años, el abuelo murió, y la ceguera se había adueñado de los ojos de mi abuela mina. Así que me mudé a Sucre, con mis padres.  Allí cursé algunos años de educación, antes de ser enviado a un internado en Barranquilla. En esos años, descubrí mi amor por las letras y la comedia, aun cuando era identificado como un chico tímido.
En 1940 me estrené como poeta, publicando algunos versos en la revista escolar del Colegio San José, el cual era dirigido por los jesuitas. Así mismo, me gané una beca, por parte del Gobierno, recibiendo de premio ser enviado a un liceo en Bogotá. No obstante, por modificaciones estratégicas, terminé en Zipaquirá, un pueblo a una hora de Bogotá, donde hacía mucho frío y en donde cursé mis estudios secundarios en el Liceo Nacional de Zipaquirá.
Oficio de periodista
A pesar de todo, logré destacar en varias disciplinas deportivas, como por ejemplo el béisbol, el atletismo y el fútbol. Finalmente, en 1947, me gradúe como bachiller, y a pesar de querer regresar a la costa, permanecí en Bogotá, donde ingresé a estudiar Derecho, en la Universidad Nacional de Colombia. Fueron años de mucha lectura y escritura, y aun cuando en ese momento ya sabía que quería dedicarme a escribir y hacer periodismo, decidí permanecer en la Universidad para complacer a mi padre. Sin embargo, no desistí en mi vocación, y el 13 de septiembre de 1947 publiqué mi primer cuento en el diario El Espectador, el cual titulé La tercera resignación.
Sin embargo, el destino haría que no terminara esa carrera, pues los disturbios del Bogotazo, ocurridos en 1948, a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, llevarían al cierre indefinido de la Universidad, y hasta al incendio de la pensión donde vivía. Decidí regresar a Cartagena, en donde ingresé a la Universidad de Cartagena, para continuar con la misión de convertirme en abogado. Al mismo tiempo, tuve la oportunidad de conseguir un cargo de reportero en el periódico El Universal.
A los dos años no había remedio, mi pasión era el periodismo, así que en 1950 le dije adiós a los estudios de Derecho y me centré en el oficio de periodista. Por consiguiente, me mudé a Barranquilla, ciudad donde obtuve un puesto como columnista en El Heraldo.  Así mismo, ocho años después de arduo trabajo, decidí que era hora de casarme, así que contraje nupcias con Mercedes Barcha, a quien había conocido en un baile de estudiantes, en aquellos años en los que visitaba a mis padres en Sucre, cuando tenía trece años.

Un año después, Mercedes y yo tuvimos la dicha de convertirnos en padres, trayendo al mundo a Rodrigo García Márquez. En 1961 decidimos como familia mudarnos a Nueva York, donde empecé a ejercer como corresponsal de la agencia cubana de noticias Prensa Latina, no obstante las presiones y amenazas de los sectores enemigos de la Revolución Cubana me hicieron desistir, y preferí partir con mi familia a México. En 1964 nació mi segundo hijo, Gonzalo. Desde entonces me enamoré de Ciudad de México, donde decidí vivir siempre, y escribí las historias de mayor relieve en mi carrera.


José Saramago
Nací en una familia de campesinos sin tierras, en Azinhaga, una pequeña población situada en la provincia de Ribatejo, en el margen derecho del río Almonda, a unos cien kilómetros al nordeste de Lisboa. Mis padres se llamaban José de Sousa y Maria da Piedade. José de Sousa habría sido mi nombre si el funcionario del Registro Civil, por iniciativa propia, no lo hubiese añadido el apodo por el que mi padre era conocido en la aldea: Saramago. (Cabe esclarecer que saramago es una planta herbácea espontánea, cuyas hojas, en aquellos tiempos, en épocas de carencia servían como alimento en la cocina de los pobres). Fue a los siete años, cuando tuve que presentar en la escuela primaria un documento de identificación, que se vino a saber que mi nombre completo era José de Sousa Saramago… Pero no fue éste el único problema de identidad que me fue concecido al nacer. Aunque había venido al mundo el día 16 de Noviembre de 1922, mis documentos oficiales dicen que nacía dos días después, el 18: fue gracias a este pequeño fraude que la familia pudo escapar del pago de un a multa por no declarar el nacimiento en el plazo legal.
Tal vez por haber participado en la Guerra Mundial, en Francia, como soldado de artillería, he conocido otros ambientes, diferentes a vivir en una aldea, mi padre decidió, en 1924, dejar el trabajo del campo y trasladarse con la familia a Lisboa, donde comenzó a ejercer la profesión de policía de seguridad pública, para el cual no se exigían más “habilidades literarias” (expresión común entonces…) que leer, escribir y contar. Pocos meses después de habernos instalado en la capital, moriría mi hermano Francisco, que era dos años más viejo que yo. Aunque las condiciones en que vivíamos hubiesen mejorado un poco con la mudanza, nunca llegaríamos a conocer el verdadero desahogo económico. Ya tenía 13 ó 14 años cuando pasamos, al fin, a vivir en una casa (pequeñísima) sólo para nosotros: hasta ahora siempre habíamos vivido en partes de casas, con otras familias. Durante todo este tiempo, y hasta la mayoría de edad, fueron muchos, y frecuentemente prolongados, los periodos en que viví en un pueblo con mis abuelos maternos, Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha.  Fui buen alumno en la escuela primaria: en la segunda clase ya escribía sin errores de ortografía, y la tercera y cuarta clases fueron dadas en un sólo año. Me trasladé después al instituto, donde permanecí dos años, con excelentes notas en primero, bastante menos buenas en segundo, mas estimado por colegas y profesores, al punto de ser elegido (tenía entonces 12 años…) tesorero de la asociación académica… Entretanto, mis padres habían llegado a la conclusión de que, por falta de medios, no podían seguir manteniéndome en el instituto. La única alternativa que se presentaba sería entrar en una escuela de enseñanza profesional, y así fue: durante cinco años aprendí el oficio de cerrajero mecánico. Lo más sorprendente era que el plan de estudios de la escuela, en aquel tiempo, aunque orientado obviamente para formar profesionales técnicos, incluía, además de Francés, una disciplina de Literatura. Como no tenía libros en casa (libros míos, comprados por mí, aunque con dinero prestado de un amigo, sí los pude tener a los 19 años), fueron los libros escolares de Portugués, por su carácter “antológico”, que me abrieron muchas puertas para fruición literaria: aún hoy puedo recitar poemas aprendidos en aquella época distante. Terminado el curso, trabajé durante cerca de dos años como cerrajero mecánico en una oficina de reparación de automóviles. También a esas alturas había comenzado a frecuentar, en los periodos nocturnos de funcionamiento, una biblioteca pública en Lisboa. Y fue así, sin ayudas ni consejos, apenas guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, que el gusto por la lectura se desenvolvió y pulió. Cuando me casé, en 1944, ya había cambiado de actividad, pasando a trabajar en un organismo de Seguridad Social como empleado administrativo. Mi mujer, Ilda Reis, entonces mecanógrafa en Caminhos de Ferro, vendría a ser, muchos años más tarde, un de los más importantes grabadores portugueses. Fallecería en 1998. En 1947, año de nacimiento de mi única hija, Violante, publiqué mi primer libro, un romance que titulé A Viúva, pero que por conveniencias editoriales vendría a salir con el nombre de Terra do Pecado

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